La nueva ley de emprendedores: ¿necesidad o redundancia?

El pasado mes de diciembre se aprobó el Proyecto de Ley de fomento del ecosistema de las empresas emergentes, conocida como la “ley de las startups”.  Su fecha límite de tramitación será el último trimestre de 2022, periodo en que España se ha comprometido con la Unión Europea a hacer las reformas necesarias como parte del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

 Según el Gobierno, el Proyecto de Ley forma parte de un paquete de medidas con las que espera "cambiar la estructura productiva del país", pensando sobre todo "en las generaciones más jóvenes". Pero ¿responde a una necesidad o viene a reunir incentivos que ya se pueden conseguir en otros instrumentos legales?  ¿Será realmente esta ley un revulsivo para la creación de empresas?

 Esta ley responde a una realidad incuestionable: el peso de las startups en la economía, atrayendo una gran inversión de los instrumentos de capital riesgo. De acuerdo con un estudio realizado por la Asociación de Startups de Alemania, cada nueva empresa tecnológica genera 5,7 puestos de trabajo, mientras que las compañías tradicionales, como las autónomas o las franquicias, generan 0,8.

 El Proyecto de Ley considera startup a una empresa de nueva creación o de menos de 5 años (7 años en caso de empresas de biotecnología, energía, industriales u otros sectores estratégicos), que sean independientes, que no coticen en mercado ni hayan distribuido beneficios, y tengan un carácter innovador. Además, su volumen de negocio anual debe ser inferior a los 5 millones de euros y contar con una certificación que expedirá la ENISA.

 Entre las principales novedades de las que se van a beneficiar destacan una reducción del Impuesto de Sociedades durante sus primeros cuatro años de existencia hasta el 15%; elevación de la base máxima de deducción por inversión en startups (de 60.000 a 100.000 euros anuales) y del tipo de deducción (de 30% a 50%); exención fiscal sobre las stock options a los 50.000 euros anuales; retraso de su tributación hasta el momento en el que se hagan líquidas, ya sea por venta o por salida a bolsa; régimen tributario especial y tributando por el Impuesto sobre la Renta de No Residentes, entre otros.

 Aunque estamos ante un avance claro, genera dudas. Es muy probable que la mayoría de las startups sigan optando por los planes de Phantom Shares frente a las stock options , ya que tendría que haber reconocido un aspecto fundamental: cuando un empleado las recibe, está asumiendo un riesgo. En cierto modo, invierte su tiempo en un valor que puede generar rendimientos o no. Por eso, deberían tratarse como rendimiento de capital, no como parte del salario.

 El Ejecutivo quiere convertir a España en el lugar más atractivo del sur de Europa para emprender y en el país líder en creación de nuevas empresas disruptivas, el tipo de iniciativas que definirán las industrias del futuro. El problema es que los emprendedores del presente se enfrentan a problemas reales que esta Ley no acaba de resolver.


Miguel Ángel Rodríguez, director del Master in Management: Negocios Digitales de Loyola Másteres, escuela de posgrado de la Universidad Loyola.


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